Lo que me enseñó un niño sobre la creatividad

Hace algunos años, colaboraba como voluntaria en un centro cívico de Burgos. Una tarde de otoño organizamos un taller de manualidades con materiales reciclados: cartones, pinceles, restos de pintura y mucha imaginación.
Mientras la mayoría de los niños intentaban que su trabajo quedara perfecto o copiaban ejemplos, hubo uno que me llamó la atención.
Tenía unos ocho años. Su mesa era un auténtico caos: colores mezclados, recortes por todas partes, pegamento sin orden. No seguía reglas, no pedía ayuda, no buscaba hacerlo “bien”. Simplemente disfrutaba creando.
Al final del taller, cuando terminó su creación, la miró con una sonrisa orgullosa. No era perfecta. Pero era suya.
Ese día entendí algo importante:
La creatividad no necesita perfección, necesita libertad.
Con el tiempo comprendí que muchas personas dejan de crear por miedo a equivocarse. Nos enseñan a no fallar, a compararnos, a hacerlo todo “correcto”. Y así, poco a poco, perdemos la espontaneidad.
Entonces nació una idea.
Crear un espacio donde cualquier persona pudiera experimentar, aprender y crear sin miedo al error. Un lugar donde lo importante no fuera hacerlo perfecto, sino hacerlo tuyo.
Así nació CreaLab Burgos.
Un espacio creativo, sostenible e inclusivo donde jóvenes, familias y personas inquietas pueden reconectar con su lado creativo. Un lugar donde cada producto tiene una historia y cada persona puede sentirse orgullosa de lo que crea.
Porque en CreaLab creemos que:
No hace falta talento.
Hace falta vivir la experiencia.
Y atreverse a crear.

